La Fundación promueve el trabajo compartido en todos lo niveles: en los proyectos que financia, generando alianzas en torno a sus programas y participando activamente en iniciativas de terceros.
En las localidades existen diferentes expresiones organizativas, formales e informales, que trabajan en áreas temáticas comunes o fuertemente vinculadas entre sí, La Fundación al invertir sus recursos en dichas localidades, prioriza iniciativas conjuntas con proyección comunitaria.
Asimismo, existen fuentes de inversión social que canalizan sus recursos de manera individual en las mismas comunidades generando, en algunos casos, intervenciones dispersas, duplicación de funciones y de roles. La Fundación dirige estratégicamente sus recursos a través de programas de gestión compartida con otras organizaciones para la obtención de mejores resultados.
Quienes habitan el espacio rural conviven con las necesidades, están al tanto de las oportunidades de desarrollo y son los principales responsables de su progreso.
Es por esto, que la Fundación trabaja e implementa programas basados en las propuestas concretas de las propias comunidades fomentando el espíritu emprendedor en sus diversas manifestaciones. Apoya propuestas productivas y sociales acompañando el liderazgo de los emprendedores locales.
El asistencialismos genera dependencia y escaso compromiso de parte de quien dona y de quien recibe; no promueve opciones creativas, consensos y pospone la resolución de problemáticas. Las donaciones aisladas y las políticas asistenciales son contrarias a la forma en que la fundación piensa el desarrollo rural.
La Fundación canaliza sus fondos y acompaña a las comunidades basándose en los conceptos de contrapartida y sustentabilidad. Quien recibe un subsidio debe movilizar recursos, trabajo y presentar propuestas que aseguren la continuidad de la iniciativa y el sostenimiento de los resultados obtenidos.



